Nuestra ciudad se parece cada vez más a la París del año 2002 de Charles Melman: “lo que tenemos que pensar hoy en día es sobre todo una forma de identificación, que, me parece, no fue observada ni por Freud ni por Lacan y que consiste en la organización de comunidades reunidas alrededor de un mismo goce”. Nuestra ciudad se parece cada vez más a la París del año 2003-4 de Jacques-Alain Miller: “las conquistas de la ciencia están acompañadas del ascenso al cenit social del valor de goce, del derecho de gozar, del derecho a gozar”.
Será la despatologización del discurso psicoanalítico la superación, la tarima, el escabel, para un nuevo lugar del psicoanálisis en la ciudad? [–Shhh!... Cuidado! Prohibido interpretar que el travestismo de Schreber pudiera indicar… un delirio!-]
Esa dirección sugieren la marcha de las minorías sexuales y la gestión de una manada de inspirados funcionarios universitarios que inventaron –y no fue ayer- la Investigación en psicoanálisis y los Posgrados universitarios en psicoanálisis que ejercen –mediante la mercancía universal-el dispendio de incumbencias exclusivamente académicas. Una mutación ilustrada. Una sublimación de la clínica que la convierte en Estética. Qué tal!
Cuando la demanda ciudadana –mediatizada por nuevas leyes de la nueva época- exige secretarios del alienado, la respuesta pudorosa, de culos limpios, abstinente: “-para Freud no hay clínica de las psicosis-”,resuena como políticamente correcta, es decir, sospechosa.
¿Asistimos impávidos al aseo del muerto? Heidegger citaba con insistencia un poema de Hölderlin. “Donde el peligro aparece–recordaba- lo que crece y surge es también lo que nos puede salvar”. Ricardo Bianchi