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Del reino de las reglas al espacio del juego - I

Por Flory Kruger (psicanalista, presidente da Escola de Orientaçâo Lacaniana - Argentina)

Me propongo trabajar alrededor de los principios que fundan la práctica del psicoanálisis aplicado a la terapéutica dentro de la orientación lacaniana.
Tenemos que distinguir, en primer lugar, la oposición dialéctica entre lo que llamo principios del psicoanálisis y lo que conocemos por la práctica de los estándares, desde esta distinción, cobra sentido el título del curso, un poco desorientador, por cierto, pero que intenta describir esta diferencia, entre regla y juego.
Los principios no son fórmulas como tal, a diferencia de los estándares que regulan la práctica del psicoanálisis tal como lo concibe la IPA.
Por lo tanto, la propuesta es examinar lo que funda nuestra práctica para poder dar cuenta de cual es la particularidad de un psicoanálisis lacaniano.
Esto nos exigirá que nos confrontemos con lo que la IPA identifica como análisis tanto desde el punto de vista teórico como práctico.
Por eso el primer punto de nuestro programa será el estándar.
A través de nuestro recorrido, me gustaría poder decir cual es hoy en día, la acción que el psicoanálisis de orientación lacaniana, puede hacer en el mundo.
Es un tema actual, el de la regulación de la práctica, supongamos que el Estado decide intervenir sobre el título de psicoanalista, un poco mas de lo que lo hace hasta ahora, no se si leyeron Página 12, del martes 9 de marzo, hay un artículo titulado psicología en la selecta lista, donde dice que la cartera de educación incorporó como carrera de interés público a psicología, con lo cual establecerán una carga horaria mínima y prácticas obligatorias. Entonces que sea de interés público tiene una consecuencia inmediata, eso implica una relación inversamente proporcional: a mayor importancia, menor autonomía, como se define como una disciplina importante porque puede afectar la salud o la seguridad de las personas, entonces se convierte en una carrera cuya autonomía es limitada por la regulación del estado, es decir, el ministerio de educación establecerá cuales son los conocimientos mínimos que deben impartir todas las instituciones que dicten psicología y en que condiciones deben hacerlo. Aunque aun no esta definido, los planes de estudios tendrán una carga horaria de alrededor de 3500 horas, medicina tiene 5500 horas, el artículo termina diciendo que ahora hay que definir para psicología los contenidos curriculares básicos, la carga horaria mínima, los estándares de acreditación y las actividades profesionales reservadas al título, eso que antes se llamaban incumbencias.
Como verán, con las mejores intenciones, la propuesta es regular la carrera, pero el inconveniente surge cuando cada asociación que enseña psicología tiene que reunirse para discutir y establecer parámetros de formación, no es sencillo llegar a consensuar una posición para presentar ante el ministerio de educación, hay una discusión por ejemplo, entre facultades laicas y católicas, por nombrar alguno de los inconvenientes. De todos modos, el artículo asegura que a pesar de las diferencias, no hay conflicto aun.
Los del mundo psi, tendremos que poder participar de esas discusiones y modificaciones, sobre todo, porque generalmente están en manos de aquellos que poco entienden del problema, pero para poder defender una posición, tenemos que tener claro lo qué defender, y como hacerlo.
No siempre se puede responder adecuadamente al discurso del amo, sobre todo, cuando nos obliga a dar razones sobre nuestra práctica que no se ajustan ni a los requisitos estadísticos que la contemporaneidad exige, ni a sus fines utilitarios.
Si nos preguntan en que se distingue nuestra práctica lacaniana de cualquier otra práctica, ¿qué debemos decir?, ¿se trata del estándar, del uso del tiempo, del empleo de la palabra, del manejo de la transferencia, del rechazo de la contratransferencia, del modo de conceptualización del síntoma, del cuidado diagnóstico, de la forma de concebirlo, de la posición del analista? ¿cúal es el rasgo que hace a una práctica lacaniana? Entiendo que la respuesta debe venir por los principios que la rigen que son los principios que Lacan enunció.
Podemos imaginar que nos hacen un reportaje donde nos preguntan acerca de esto, ¿que tenemos que responder? Como argumentaremos para dar buenas razones acerca del modo de practicar el psicoanálisis, que, sabemos bien, se aparta de los estándares supuestamente aceptados por la comunidad internacional.
¿Cómo explicamos un análisis que se sostiene en otro lugar, brasil o parís, por ejemplo, o argentina para muchos latinoamericanos?
Un análisis que se practica 3 veces al año, un análisis que se sostiene 1 vez por semana, 2 o 3, un analista que además de analizar puede muchas veces oficiar de control, que puede decidir no usar el diván, si lo considera necesario, que puede analizar a familiares de sus pacientes, que corta la sesión en consonancia con los dichos y nó con el reloj?
¿qué es lo que le permite al analista lacaniano tomarse todas estas libertades? No podemos ignorar que frente a todos estos permisos, hay una mirada desconfiada de los otros que nos miran, una mirada desconfiada que nos califica de caprichosos y arbitrarios.
Por eso tenemos que darnos un espacio para la reflexión y el encuentro de los principios en los cuales sostenemos nuestra práctica.
La AMP, en su próximo congreso en Comandatuba, se pronunciara alrededor de estas cuestiones, estamos interrogándonos desde hace mas de un año al respecto, y lo que surge en primer lugar, cuando nos preguntamos por los principios, es cual es la diferencia entre las reglas y los principios. ¿Son sinónimos?, y en este mismo orden de interrogación, los estándares, ¿son reglas? ¿cuál es la distinción que debemos hacer entre estándar y principios?
El problema de los estándares no pertenece a Freud ni al primer círculo de analistas vieneses, sin embargo se instala en el seno de la IPA, después de Freud, como modo de regular la práctica y la formación. Alrededor de este tema girará la polémica introducida en el psicoanálisis por la enseñanza de Lacan. La IPA, al haber promovido una reglamentación standard que le permite identificar al psicoanálisis y su desenvolvimiento, deja por fuera del campo del psicoanálisis a Lacan por disidente, por no adaptarse y por criticar la estandarización de la práctica. Sabemos que la globalización conlleva la segregación, algo de esto le aconteció a Lacan, fue segregado de la IPA por considerarlo un disidente.
Increible, Lacan había partido de un retorno a Freud, o sea, de una exigencia de ortodoxia, podemos preguntarnos que es lo que estaba en juego? Se trata de definir las condiciones requeridas para que un análisis sea un psicoanálisis o mas bien preguntarse en que reside el carácter analítico de una práctica. Hay una primera respuesta incuestionable:
El eje de un análisis es el procedimiento freudiano. Ahora bien, el dispositivo freudiano hace surgir inmediatamente una disimetría: el analizante tiene su regla fundamental, el analista nó. La asociación libre es una exigencia que define su tarea, pero no hay nada equivalente del lado del analista.
Freud define la función del analista sobre la base de la interpretación, recuerden que es la tercera de las funciones de dominio que menciona, las otras 2 son gobernar y educar. Pero sin embargo, no dice como debe el analista hacerlo, como debe operar la función-interpretación. Freud deja en manos del analista, casi como al modo del arte, el cómo hacer, el número de interpretaciones, los términos en que debe hacer sus intervenciones, ya que no hay regla fundamental que se lo diga.
Desde esta perspectiva, hay una hiancia entre el saber y el quehacer del analista en el procedimiento freudiano. Justamente es esta hiancia, este vacío lo que produjo, en el núcleo del dispositivo analítico, el lugar de la impostura virtual.
Lacan se ocupo todo el tiempo de pensar esta hiancia, de rodearla, de reformularla, ya que, desde un comienzo, los analistas testimoniaban de que la sufrían. En este punto, los analistas encontraron una solución individual y copiaron el modelo, via la identificación con el creador, después ubicaron en ese lugar al estandar como solución institucional.
A falta de un saber cuándo o cómo hacer, se esforzaron por hacer como... como Freud al principio, después como las reglas instituidas lo prescriben, o sea, como hacen o hicieron los otros, los didactas en primer lugar y así sucesivamente.
Lacan barre con ese “como hacen los otros” y la garantía que falta no la llena con simples hábitos, en ese sentido se parece a Freud que alentaba a no imitar y a no hacer de su técnica una regla.
Podríamos preguntarnos entonces, si se trata de una práctica sin reglas. Creo que es una pregunta mal planteada de este modo. Recuerdo cuando se fundo la EOL que le hicieron un reportaje al director en curso en ese momento y cuando publicaron en el diario su respuesta la recortaron y salió como titulo una escuela sin criterios... pero no sin principios, no lo publicaron, imagínense que panzazo para las malas lenguas. ¿se trata de una práctica sin reglas? La enseñanza de Lacan nos permite corregir esta pregunta y hacernos otra mas eficaz ¿qué justifica las reglas? La pregunta no es estandar o no estándar, sino si esos estándares estan justificados o no, si eso estándares son validos o no.
Lacan responde a las preguntas por la práctica analítica a partir de los fundamentos mismos de la experiencia, no responde desde los hábitos y presionado por la exigencia institucional, lo cual no impide ver que esos hábitos y presiones, tienen efectos de todo tipo.
Entonces, desde Lacan, una regla se juzga por sus fundamentos y en función de las finalidades de la experiencia. Desde esta perspectiva, toda reglamentación heterogénea a la experiencia se revela irrisoria, no legal, entendiendo como legal, adecuada a la experiencia analítica.

(texto base de aula oferecida pela autora na EOL)

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