EL AUTISMO INFANTIL: “BLOCKING” AFECTIVO O ENFERMEDAD MENTAL

Por Guillermo Belaga (Psicanalista, Conferencista e membro da EOL)

El encuentro con un artículo de Eric Laurent1- publicado recientemente-, ha colaborado en la organización del presente trabajo.
En sus reflexiones sobre el autismo señala de entrada algo fundamental, que en la prudencia de J. Lacan sobre el tema aparecería una tesis constante: aquella que indicaría que el niño autista presenta alucinaciones. Entonces si se toma seriamente esta afirmación, el síntoma descripto permanentemente en estos cuadros de la “falta de atención” hacia quien lo llama, ya no debería leerse como una “pérdida de contacto afectivo con la realidad exterior” sino como una consecuencia de la inmersión en lo real. Dicho de otro modo, para el niño la voz alucinada es ya una respuesta.
Por lo tanto, darle este sentido a los fenómenos “del autismo” implica pensar el tratamiento a partir de una clínica de la alucinación, y reiteramos, ésta define la envoltura formal del síntoma.
Pero antes de continuar conviene detenerse en este punto dado que no es evidente ¿cómo se presentaría la alucinación en estos casos?
La dificultad en entender la tesis lacaniana aparecería posiblemente en el hecho que es poco frecuente encontrar testimonios que den cuenta de la alucinación verbal. En cambio, la relación alucinada al lenguaje, se manifestaría en lo que se denomina la alucinación negativa, el pequeño automatismo “anideico”, signos que reflejarían en la psicosis la propiedad -señalada por Lacan- de la cadena significante imponiéndose al sujeto en su dimensión de voz áfona.

1. El “blocking” de Bleuler, y el Automatismo mental de Clérambault :

Coincidiremos con algunos autores que el término “autismo” tiene un uso equívoco que se propaga desde su origen.
Así es ampliamente conocido que Leo Kanner decidió darle a ese síntoma primario de la esquizofrenia el estatuto de una entidad nosológica definida. Pero no lo es tanto, el “background” que permitió que este psiquiatra llegue a la construcción de dicho cuadro. Nos referimos a las corrientes que predominaban en EE.UU. en esa época donde confluyeron en sus ideas el rechazo a Kraepelin, y la aceptación -desde la década del ´30- a Bleuler2 , y seguidamente la inmigración desde Europa -huyendo del nazismo-, de los psicoanalistas que originarían la Ego-Psychology.
Por lo tanto el autismo infantil desde sus orígenes tendrá como ejes la disociación afectiva, el concepto de Yo regulado por códigos sociales, e incluso las ideas de Binswanger de el espacio- tiempo, y/o el ser-en-el-mundo.
El “bloqueo afectivo” afín a estas formulaciones, y tan extendido en la cultura para explicar ciertas inhibiciones, proviene de lo que Bleuler llamó “blocking”. Fenómeno con el que describe la interrupción de la cadena asociativa, “la obstrucción o el detenimiento del pensar”.3
Sorprendentemente, junto con este síntoma fundamental - que tiene su correlato en la esfera motora-, señala un hecho aparentemente opuesto: algunos pacientes presentan la sensación de verse forzados a pensar. Incluso Bleuler llega a decir que ambos fenómenos pueden aparecer en el mismo paciente (!).
Sabemos por otro lado, y en una forma más pertinente al significante “neutro” y “atemático”, que para Clerambault los mismos estarían enmarcados en los fenómenos negativos (anideicos) y positivos (intrusivos), del pequeño automatismo mental.
Ante esto cabrían las siguientes preguntas: ¿ la psicosis infantil puede tener una envoltura formal, como la psicosis del adulto?. La tradición que la mantiene ligada a Bleuler ¿puede reformularse, y seguir la huella que parte de Kraepelin, y Clerambault, llegando al encuentro con Freud ?.
En este sentido, hallamos los planteos que hiciera en su momento G. Heuyer. Este psiquiatra infantil con quien Lacan presentara un caso de demencia precosissima en 19334 , verifica y sostiene la instalación masiva del Automatismo Mental en las psicosis infantiles5 . Otro aporte interesante en sus descripciones es que pensaba que había una discontinuidad, un contraste con la vida anterior del sujeto, y también una anticipación de la psicosis del adulto.

2. El restablecimiento del concepto freudiano de autoerotismo:

Seguramente conocemos la distancia que tomó Freud de Bleuler al evaluar el rechazo de éste a su teoría de la sexualidad infantil, y de la economía libidinal.
El concepto de autoerotismo tiene diferentes formulaciones en el período que va de los “Tres ensayos...” (1905), a “Introducción al narcisismo” (1914). En el trabajo sobre Schreber, la fijación al mismo determinará tanto la enfermedad como la cura, distinguiéndose claramente de la paranoia. Así para Freud la restitución libidinal encontrará a su objeto en la alucinación, en la estereotipia motora y en el cuerpo propio, y - si atendemos al cap. VII de “Lo inconciente”- en la palabra como cosa.
En este mismo sentido, retomando sus dichos sobre la eleción de objeto, podríamos poner a prueba las formas que toma el amor: conocemos la relación de la erotomanía con el paranoico, ¿cuál sería la forma posible para el “autista”?.

3. El Otro, la esquizofrenia, y las enfermedades de la mentalidad.

Existen variados indicios sobre el camino del autismo infantil, la mayoría se ajusta al dato clínico que el campo de la esquizofrenia domina en relación al de la paranoia.
Desde un punto de vista distante al nuestro, citaremos un estudio sobre las formas evolutivas alcanzadas luego de un seguimiento de 100 casos durante 20 años6 ; en él las conclusiones de los autores se podrían agrupar en dos cuadros: la esquizofrenia, y la formación de carácter, con diversos grados de lazo social.
En cierta manera el caso “Joey”, de Bruno Bettelheim7 , además de sus descripciones, tiene su importancia en el hecho de ser un relato que abarca desde los primeros meses de vida hasta los inicios de la adultez. Asi es como podemos situar una secuencia: hasta los 7 años, predominan los signos del “autismo”; un contraste dramático entre su fascinación por lo mecánico (que incluía su cuerpo), y las personas que lo rodeaban a las que no prestaba atención, el uso neológico autorreferencial del lenguaje, y fenómenos imaginarios como la falta de una organización tópica al estadío del espejo, la ausencia del “complejo del semejante”, e inversión de los pronombres personales.
Al finalizar esa etapa cuando habla de su persona, lo hace al modo alucinatorio del comentario de actos “quiero que la señorita M. te empuje en la hamaca”. Hecho que se repetirá en otra parte del historial cuando dice en voz baja luego de un baño “aquí te llevan incluso a la cama”.
Posteriormente, a los 9 años, luego de un pasaje por una institución religiosa de “rígidas normas”, sobreviene la salida del autismo. Circunstancia en la que nos detendremos ya que esta entrada en el delirio que le ha valido la nominación del “niño máquina”, permitiría sacar -sumado a otros casos- conclusiones más generales: el “autismo” en base a dichos hallazgos sería una fase transitoria, que evolucionaría hacia la “psicotización”. Siendo esto último un momento de entrada a un tipo clínico bien constituído dentro de la clínica de las psicosis.
En este sentido, recordaremos el intento de Tausk8 de situar dichos tipos como formas de defensa en respuesta al “aparato de influencia”. Así volviendo al caso de Bettelheim, encontramos que guarda una afinidad con aquellos casos que emergen de la “catástrofe” vía una identificación. En ellos distingue Tausk, no se encontraría el mecanismo de proyección sobre un objeto exterior (paranoia).
Ahora como con el resto de las psicosis podemos orientarnos aplicando los mismos conceptos de Lacan, con respecto a los modos de localización del goce, y el consiguiente diagnóstico diferencial.
Comenzaremos esta parte por un lado pleno de opiniones cruzadas, como es el estatuto del Otro en el autismo. Sobre esta cuestión que se presenta como una gran dificultad, podríamos situar en principio, que no hay un Otro barrado. Por otro lado, si postuláramos la existencia del Otro, éste tendría varias presentaciones bajo los siguientes modos: desde el punto de vista imaginario, en el partenaire, como “intrusión”, en las respuestas de la distancia y el rechazo absoluto... También aparecería como pura exterioridad significante.
Pero lo que surge como poco frecuente es la localización del goce en el Otro!
Más bien el problema quedaría cercano a los registros de la esquizofrenia y/o de la mentalidad, enfermedades que se presentan por su retorno del goce, en una disyunción cartesiana: el cuerpo esquizofrénico, y la mente pura.
Brevemente recordaremos la definición que dice que en la esquizofrenia todo lo simbólico se hace real, observándose entonces esos pasos fallidos como son la ecolalia y la estereotipia, la pura repetición. Y tambien hemos tomado nota de la forma a veces dramática en que el goce invade el cuerpo.
Con respecto a las enfermedades de la mentalidad, J. Lacan -en 1976- las menciona luego de una presentación de enfermos, que padecía del sindrome de automatismo mental “puro” (sin mecanismo interpretativo). Allí el retorno del goce localizado en el mismo parasitismo del lenguaje, se contrapone con la deriva imaginaria - ¿forclusiva?- del cuerpo. Esto último se podría entender del comentario que dicha paciente “no sabía qué cuerpo poner bajo el vestido”.
En este sentido señalaremos dos padecimientos de “Joey”, que remitirían a cada una de estas dos vertientes en relación a fenómenos corporales llamativos; uno resumido en la frase “tengo que vaciar toda mi sangre porque hace demasiado calor”, y el otro manifestado en un “ritual”: este niño siempre precisaba cubrir su cuerpo con servilletas de papel antes de comer, porque así quedaba “enchufado” a una conexión externa. Por el contrario, si ocurría una falta de cobertura del cuerpo esto implicaba una dramática desvitalización.
Por último, el historial sitúa que luego de su alta de la institución al tiempo de unos años el paciente regresa de visita con su título de Técnico, y para sorpresa de los terapeutas muestra orgulloso... la máquina eléctrica -de corriente alterna- que construyó (!).
En este final, Bettelheim detalla que ya no hay indicios del cuadro delirante, sino más bien rectificaciones “sensatas”, la mayoría -como el mismo advierte- a gusto del entrevistador.
Pero, también podemos hallar en esa creación, una forma de funcionamiento de carácter “inclasificable”. Nos retrotraeremos para intentar explicar esto, a un detalle del historial por demás significativo. Este es el momento donde surge como invención del niño una auto-denominación: “Papoose de Conect-I-Cut”. En un caso de floridos neologismos fonológicos y semánticos, este condensa el “mito de origen” en términos de una genealogía conectada al aparato de influencia, y en una lograda defensa del goce, organiza su cuerpo imaginariamente -aparece el control y delimitación de los esfínteres-, y libidinalmente... se masturba!
Entonces para finalizar ubicaremos este viraje como una tercera fase de la secuencia que mencionábamos antes que se iniciaba en el “autismo” ,y pasaba luego a la “psicotización”. En esta última, la nominación suplementaria “papoose” de “conect-i-cut”, quizá pueda explicar como el joven consiguió “humanizarse”.

Notas
1 Laurent, Eric: “Réflexions sur l´autisme”, en “L´autisme”, Groupe petite enfance, Bulletin 10, numéro special, Janvier 1997.
2 L. Despert, fue la introductora de las ideas de Bleuler en la psiquiatíra infantil norteamericana. Pionera en este tema es conocida su intervención sobre la esquizofrenia infantil, en el Ier Congreso Internacional de Psiquiatría Infantil desarrollado en 1937 en París (ver Fuster, P.: “Psicosis infantiles”, en el Manual de Psiquiatría, Tomo I, pp. 597-629. Dirección: J.J. López-Ibor. Ed. Toray).
3 Bleuler, Eugen: “Demencia Precoz o el grupo de las esquizofrenias”, Ed. Hormé, Buenos Aires.
4 Claude, M.M., Heuyer G., et Lacan J. “Un cas de démence precocissime”. Ed. por Bulletin des Sociétes Savantes, séance du mai, 1933. En ese relato se consigne brevementelos transtornos hallados en un niño de 10 años.
5 Continúa de esta manera con lo que Clerambault denominaba la ley de la edad y la masividad, según el momento de la irrupción del Sindrome (a menor edad, mayor masividad).
6 Manzano J., Lamuniere M.C., Peckova M.- L´enfant psychotique devenu adulte. Résultats d´une étude catamnestique de 20 années sur 100cas- Neuropsychiatr. Enfance Adolesc., 1987, 35, 429-443.
7 Bettelheim, Bruno: “La fortaleza vacía” , Ed. Laia/ Barcelona, 1981.
8 Tausk, Victor. “Obras Psicoanalíticas”, Ed. Morel, Buenos Aires, 1977, p. 175

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